Por: Luis Alberto Lindermeyer B. Químico Farmacéutico Master of Business Administration Vice-presidente del Colegio de Químico Farmacéuticos y Bioquímicos de Chile, A.G.
Estamos viviendo un momento relevante respecto a cambios en la política de dispensación de medicamentos en nuestro país. Estos cambios están impulsados por el Ministro de Salud y un equipo de asesores que han argumentado que en pos del bien de las personas sería necesario poner a disposición de la población los medicamentos en góndolas, supermercados u otros recintos para que el público pueda optar libremente por el producto, sin la intervención de un vendedor o auxiliar de farmacia, el que podría estar incentivado a negar el producto solicitado o a vender un producto de su conveniencia.
Se ha informado a través de la prensa que el principal argumento para impulsar esta medida es la necesidad de atacar o debilitar la integración vertical que existe en la industria farmacéutica, que concentra en algunas empresas tanto la producción, como la distribución y dispensación de medicamentos.
Este hecho es conocido y se podría buscar en la historia reciente el porqué llegamos a esta imperfección del mercado, pero si bien es cierto hay que tratar de evitar estas imperfecciones, existen mecanismos más eficientes para limitarlas. Por lo demás, no son muchas las empresas del retail que poseen en total el 80% de la distribución de productos de consumo masivo.
Otro argumento está orientado a los precios de los medicamentos, pero no resiste mucho análisis cuando según cifras de IMS (una empresa transnacional que audita al mercado farmacéutico), nuestro país cuenta con los medicamentos más baratos en promedio luego de Uruguay. Las políticas de estímulo del uso de genéricos en Chile han sido tremendamente eficientes, situándolo a la cabeza de la región en cuanto al uso de esta categoría de productos.
El tema de la cobertura de farmacias en el territorio nacional sí es un punto a considerar, puesto que tenemos menos farmacias por habitante que otros países de la región. Esto es sorprendente puesto que existe la percepción que farmacias hay en todas partes, pero lo que sucede es que las empresas dueñas de estos locales han sabido cumplir con una de las máximas de la comercialización, la ubicación privilegiada, pues si vamos a sectores periféricos encontraremos que existe muy mala cobertura de farmacias para la población, lo que agrega otro problema al asunto, la gente con menores recursos tiene que desplazarse para comprar medicamentos, perdiendo el posible beneficio de obtener productos a precios más baratos.
Se ha dicho insistentemente que un modelo a seguir es el de Estados Unidos, donde los medicamentos se venden en verdaderos supermercados habilitados para ello. Cadenas como Wallgreens o Eckerd son formatos que abundan en el país del norte, además de la venta de medicamentos en megasupermercados como Walmart, son propuestas como ejemplos a seguir por los defensores de la liberalización de medicamentos. El problema es que en EE.UU. es conocida la cantidad de muertes y de hospitalizaciones producidas por mal uso de medicamentos, el costo para el sistema de salud norteamericano es relevante y va en aumento, mientras que en Chile no sabemos a ciencia cierta cuanta gente muere al año por esta causa. Existe farmacovigilancia, pero a nivel incipiente.
Casos como las muertes de personalidades como Michael Jackson, Heath Ledger y Anna Nicole Smith entre muchos otros en los últimos años se debieron a sobredosis accidentales de medicamentos prescritos.
Por todo lo anterior, países vecinos como Argentina o la misma Comunidad Europea han dado pasos en el sentido contrario a la liberalización. Detectaron que al permitir el expendio de medicamentos de venta directa en locales que no son farmacias, como quioscos o almacenes, se produjo un aumento en las muertes por mal uso de medicamentos y además aparecieron otras irregularidades en el mercado, tales como la adulteración, falsificación y contrabando de medicamentos.
La razón de esto se debió a que la salida de los medicamentos de las farmacias no fue acompañado con un incremento en el personal que debe fiscalizar el cumplimiento de la ley.
En Chile, el problema de la escasa fiscalización existe en estos momentos, es difícil pensar que el hecho de aumentar los puntos de venta de productos farmacéuticos vaya a estar acompañado de un aumento del personal que debe fiscalizar y velar por la correcta dispensación de medicamentos debido al costo involucrado, existen otras prioridades para asignar recursos en salud.
Incluso en la Comunidad Europea, en junio del 2009, se dictó una sentencia por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (conocido como Tribunal de Luxemburgo), el cual ratificó que la propiedad de las farmacias debía ser del profesional químico farmacéutico, con la restricción de ubicación en cuanto a distancia entre una farmacia y otra que permitiera ejercer una adecuada atención farmacéutica. Esto, puesto que era el único profesional que podía garantizar el justo equilibrio entre la dispensación responsable de medicamentos y la ganancia económica de la venta de estos. Con dicho fallo se impidió que existiera la posibilidad de entrada de cadenas farmacéuticas, ya que además el farmacéutico podía ser dueño de solo una farmacia.
En vista de lo anteriormente expuesto, tanto desde el punto de vista económico como del sanitario, no parece ser una medida acertada el implementar la venta y dispensación de medicamentos en locales que no sean las farmacias.
Un compañero de trabajo me preguntó el porqué de los farmacéuticos que siempre se oponían a este tipo de medidas, incluso aventuró a decir que era por un tema de menor ganancia económica, o sea que nos afectaría el bolsillo. Le contesté que nuestra formación nos impide estar de acuerdo con la venta de fármacos en formatos donde se escape al control de estos (como supermercados, Internet, ferias libres, etc.), puesto que comprendemos muy bien los riesgos de su administración y creemos que es nuestro deber manifestar nuestra oposición a estas medidas.
Consideremos, además, que un estudio realizado por el Consejo Superior de Educación determinó que el 46% de los universitarios no comprende lo que lee. Esa es una muestra sesgada de manera positiva, está seleccionada entre personas que pasaron varias vallas, incluso de comprensión de lectura, para llegar a ser universitarios. Imaginen la realidad de la población chilena cuando se enfrenta a un folleto explicativo sobre cómo administrar un medicamento.
Podrá haber muchas otras razones tanto para oponerse como para estar a favor de la liberalización de la venta de medicamentos, pero no quiero dejar de mencionar uno de los principios fundamentales de la bioética, el de la no maleficencia, primum non nocere (primero, no dañar). Ante la posibilidad que una medida afecte a la población y no lo podamos saber puesto que no tenemos herramientas para ello, la conducta adecuada es la de la prudencia, otro principio ético que no debemos olvidar.