Martes, Mayo 21, 2019

Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. No es la primera vez que un proyecto evidentemente sanitario es fagocitado por una perspectiva economicista. Uno de los logros de nuestra Orden Profesional en la Ley de Fármacos 1, fue más simbólico que técnico: la Farmacia es un Centro de Salud.

Este estandarte en un proyecto que carece aún de reglamentos y tiempo para catalogarlo de éxito o fracaso, puede ser el eje para discutir desde lo sanitario hacia donde deben avanzar las políticas farmacéuticas en nuestro país. Sin embargo, antes de haber realizado una evaluación del cumplimiento efectivo de las disposiciones de esa primera ley, nos encontramos discutiendo la así llamada Ley de Fármacos 2.

Como Colegio de Químicos Farmacéuticos y Bioquímicos de Chile, entendemos que más allá de pronunciarnos respecto a determinados artículos de esta iniciativa, debemos abordar la discusión de fondo. A la fecha, contamos con una Política Nacional de Medicamentos obsoleta, en un mercado descarnado, que pese a atisbos de competencia, continúa evidenciando distorsiones que han sido diagnosticadas en administraciones anteriores y que pese a las modificaciones reglamentarias, nos llevan entre otros fenómenos, a tener el gasto de bolsillo en medicamentos más elevado del conjunto de países que conforman la OCDE. Si bien la dimensión precio de los medicamentos no debiera ser la única variable a considerar, nos preocupa el concepto de acceso a medicamentos, siendo importante el factor geográfico en el territorio nacional.

Por otro lado, es extraño que el jefe de la división jurídica del Ministerio de Salud, Jorge Hubner, le preocupe "que no se fomente la competencia en el mercado de medicamentos" por eliminación de publicidad, lo cual es disímil a la misión del Ministerio donde ejerce.

Temer la regulación de precios como un tabú o creer que declarar al medicamento como un "bien esencial" podría ser catastrófico, es desconocer la realidad internacional y experiencias exitosas en dichos ámbitos.

La reforma de salud y las GES/AUGE contemplan garantías exigibles de acceso, oportunidad, protección financiera y calidad. Esta última ha avanzado de manera más lenta, e incluye tanto a los medicamentos como a dispositivos médicos con los cuales se tratan las distintas patologías. La Ley de Fármacos intenta cerrar algunas de estas brechas, pero no incorpora los recursos y orgánicas para una adecuado registro, fiscalización y posterior vigilancia.

La verdadera regulación comenzará cuándo hagamos un acuerdo hacia donde avanzar de manera coordinada y dejar de hacer parches ajustados a la contingencia. En esa línea, la incorporación de estándares de calidad de farmacias privadas a la Superintendencia de Salud sería un excelente primer paso.

Hacemos un llamado a legislar bajo la premisa "mercado hasta donde sea posible y regulación hasta donde sea necesario", sin soslayar el inmenso campo de los dispositivos médicos.

Estamos en una nueva época, las trampas y la falta de transparencia ya no son aceptables. Necesitamos un juego limpio, donde las políticas de salud se discutan en base a la evidencia y no mediante zancadillas en comisiones parlamentarias.

Criterios claros y no lobby de las farmacias, supermercados, bencineras u otros. Nuevamente se reflota la idea de vender medicamentos fuera de farmacias, más que avanzar en Generales de Zona Farmacéuticos que puedan cerrar la brecha de las comunas sin farmacia, tal y como lo ha expuesto en reiteradas ocasiones el Dr. Enrique Paris.

Fuente: digital.elmercurio.com