Jueves, Noviembre 15, 2018

Especialistas hablan de resistencia de virus, bacterias y efecto rebote

Antibióticos, corticoides, tranquilizantes y antidepresivos son los que más se abandonan.

Si su médico le prescribió un tratamiento por siete o más días, ni se le ocurra dejarlo botado. A pesar de que la pastillita le de un poco de sueño o al tercer día de uso del remedio se sienta mejor no detenga ni por nada su tratamiento.

Antibióticos: “Las bacterias y virus tienen capacidades para mutar, se van adaptando al antibiótico y al antiviral. Cuando no se termina un tratamiento, existen bacterias que pueden quedar vivas, empiezan a proliferar y son resistentes a ese antibiótico... Y pasa lo mismo con los virus”, explica Cecilia Plaza, especialista en medicina familiar de Clínica Indisa. “Lo que persiguen los tratamientos es eliminar el 90 por ciento o más de los agentes infecciosos y, obviamente, cuando se están matando los bichos las personas se sienten mejor, pero todavía queda una buena parte de ellos. Si se interrumpe el tratamiento, viene un rebrote que es más potente”, agrega Luis Quiñones, doctor en ciencias bioquímicas y académico del programa de farmacología de la Facultad de Medicina de la U de Chile. Recuerde esto: no terminar el tratamiento de antibióticos significa una recaída segura y un costo mayor de plata. Lo peor que le pasó a Raúl Roccaglio de la Fuente, ingeniero civil en obras civiles, fue dejar a medio camino un tratamiento contra el acné. “En las mañanas me tomaba dos comprimidos y en la noche otro. Olía a antibióticos, así es que a mediados del segundo mes lo dejé. Llegando al tercer mes desde que paré el tratamiento, el acné volvió con una fuerza inusitada. No pude retomar el tratamiento, pues el médico me dijo que muy probablemente mi cuerpo ya había desarrollado resistencia a ese antibiótico, por lo que me tuve que someter a tres años de otro largo y costoso tratamiento”.

Corticoides: Son una familia de medicamentos, como un grupo de medicamentos que tiene un origen común. Arriba de los riñones hay una glándula chica que se llaman glándulas suprarrenales y estas glándulas producen una hormona llamada corticoesterona o cortisol, esta hormona la ocupa el ser humano en momentos de estrés, traumatismo, infecciones.

Mauricio Huberman, presidente del Colegio de Químicos Farmacéuticos de Chile, aclara que “el corticoide tiene tres funciones principales. Excelente propiedades antiinflamatorias sin serlo, funciones antialérgicas muy grandes y actúa inhibiendo parte de las funciones del sistema inmune”.

“Cuando son usados en dosis altas, por más de 7 a 10 días, la forma de terminar el tratamiento es con una reducción progresiva de la dosis y no con la interrupción abrupta, dado que el cuerpo genera una adaptación y deja de producir corticoides por sí mismo. Al suspenderlos se genera un cuadro agudo grave, potencialmente mortal por déficit de corticoides llamado insuficiencia suprarrenal”, explica la doctora Aranzazu Jugo, de Vidaintegra.

Loreto Díaz tomó más corticoides de los que le prescribió el otorrino. “Tenía una alergia y me recetó corticoide por siete días. Como me hacían bien, tomé 15 días. Después de dejarlo, empecé a sentir un intenso dolor en la ingle izquierda, me tomó toda la pierna. Fui al traumatólogo porque me costaba mover la pierna, me dolía. El doc me vio y me llevo de un ala al neurólogo. Resulta que en la pantorrilla me apareció un grano rojo: el corticoide me bajó las defensas y mezclado con un poco de estrés, me activé un virus llamado varicela Zoster. Estuve un mes en cama... Todo por pasarme de la cuenta en el corticoide”.

Tranquilizantes: pertenecen a la familia benzodiazepina. La neuróloga Perla David dice que “no se pueden suspender en forma brusca porque se genera el síndrome de de privación o abstinencia Un síntoma de ansiedad, hipotensión. La persona necesita urgentemente ingerir... Hay una especie de adicción que depende del largo de acción sea cada fármaco. La reducción del fármaco debe ser gradual, 25 por ciento de la dosis, cada 10 a 15 días, pero nunca brusco”. Según su experiencia clínica, “los pacientes se sienten bien, se tranquilizan y no les importa nada, suspenden el tratamiento dañando los receptores de las células. Hay efecto rebrote”.

Antidepresivos : son elevadores del ánimo. “La mayoría son los inhibidores de la recaptación de serotonina y hay que ingresarlos gradualmente. Dependiendo de la duración de acción se va aumentando gradualmente. Tampoco se pueden suspender brusco porque da efecto de rebote y puede hasta gatillar crisis epilépticas”, remata la neuróloga David.

Fuente: www.lun.com